Resumen
Un grito de batalla o grito de guerra es un grito o cántico entonado en la batalla, usualmente por miembros del mismo grupo combatiente.
Los gritos de batalla no son necesariamente articulados (p. ej. «Eulaliaaaa!», «Alala»..), aunque a menudo buscan invocar un sentimiento patriótico o religioso. Su propósito es una combinación de despertar la agresividad y el esprit de corps en el propio bando y causar intimidación en el bando hostil. Los gritos de batalla son una forma universal de comportamiento de exhibición (es decir, exhibición de amenaza) que busca una ventaja competitiva, idealmente exagerando el propio potencial agresivo hasta el punto en que el enemigo prefiera evitar la confrontación por completo y opte por huir. Para exagerar el propio potencial de agresión, los gritos de batalla deben ser lo más fuertes posible, y históricamente a menudo han sido amplificados por dispositivos acústicos como cuernos, tambores, caracolas, carnyx, gaitas, cornetas, etc. (véase también música marcial).
Los gritos de batalla están estrechamente relacionados con otros patrones de comportamiento de la agresión humana, como las danzas de guerra y las burlas, que se realizan durante la fase de «calentamiento» previa a la escalada de la violencia física. Desde la Edad Media, muchos gritos aparecieron en filacterias de estandartes o escudos de armas como consignas (véase consigna (heráldica)) y se adoptaron como lemas, un ejemplo es el lema «Dieu et mon droit» («Dios y mi derecho») de los reyes ingleses. Se dice que este fue el grito de arenga de Eduardo III durante la batalla de Crécy. La palabra «consigna» deriva originalmente de sluagh-gairm o sluagh-ghairm (sluagh = «pueblo», «ejército», y gairm = «llamado», «proclamación»), la palabra gaélica escocesa para «grito de reunión» y en tiempos de guerra para «grito de batalla».
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