Resumen
Pedro el Venerable ( – 25 de diciembre de 1156), también conocido como Pedro de Montboissier, fue el abad de la abadía benedictina de Cluny. Ha sido honrado como santo, aunque nunca fue canonizado en la Edad Media. Desde que en 1862 el papa Pío IX confirmó su culto histórico, y el Martirologio Romano, emitido por la Santa Sede en 2004, lo considera beato.
Vida
Nacido de la beata Raingarde en Auvernia, Pedro fue «dedicado a Dios» al nacer y entregado al monasterio de Sauxillanges de la Congregación de Cluny, donde hizo sus votos a los diecisiete años. A los veinte años obtuvo una cátedra y fue nombrado prior del monasterio de Vézelay, para trasladarse más tarde al monasterio de Domène. El éxito en Vézelay y Domène lo llevó a su elección como abad general de la orden, a los treinta años. Tras la destitución de su predecesor, el abad Poncio, por el papa, Pedro se convirtió en un incansable reformador de la orden cluniacense, frente a las críticas de otras órdenes y de destacados monjes y teólogos, incluido el monje cisterciense san Bernardo de Claraval. Su defensa de su orden frente a los críticos y la introducción de reformas radicales le valieron el apelativo de «venerable».
Pedro, como asociado de líderes nacionales y religiosos, asistió a muchos de los concilios religiosos internacionales. En el Concilio de Pisa de 1134 apoyó la causa del papa Inocencio II, y en el Concilio de Reims de 1147 ayudó a evitar un cisma en la Iglesia. Defendió el trinitarismo racionalista del teólogo francés Pedro Abelardo contra la sentencia del Concilio de Sens, concediendo a Abelardo hospitalidad en Cluny y trabajando por la reconciliación final de Abelardo y su principal acusador, Bernardo de Claraval. Pedro concedió a Abelardo una absolución póstuma a petición de Eloísa.
Pedro recopiló fuentes sobre el islam y escritos acerca de este (véase más abajo) y pasó un largo período sabático en España con eruditos islámicos de todos los rangos. Su vasta correspondencia refleja un conocimiento teológico casi enciclopédico. Produjo algunos de los documentos más importantes del siglo XII y publicó la primera traducción latina del Corán, que se convirtió en el texto benedictino estándar utilizado por los predicadores de las Cruzadas. Sus contribuciones talmúdicas son tenues y aún están bajo escrutinio. Su amistad y correspondencia con el obispo Enrique de Blois de Winchester y Glastonbury, entre 1138 y 1142, junto con sus dotes de debate, le dieron un reconocimiento más amplio de su erudición.
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